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El diagnóstico y sus elementos

 Como en la introducción explicaba, tenemos una relación sagrada que cuidar: nuestra unión con el Tao, eso debe ser armonía. Los frutos son la paz, el amor y la salud; la claridad, el equilibrio y la confianza. Todo diagnóstico
debe estar enfocado a la descripción de las características de la relación personal del paciente y su origen, puesto que todas las enfermedades provienen de esa interrupción en alguna parte de nuestra conciencia.
 Efectivamente existen muchos tipos de enfermedades, se diferencian básicamente entre agudas y crónicas; físicas y psicológicas; o la lógica interacción de ambas en todos los sentidos. Como antes dijimos, la enfermedad proviene de la desunión con la Vida; nuestra energía vital se debilita y, puesto que de ahí emanamos, se trastorna desde la mente al sentimiento y cuerpo, el equilibrio natural de la salud.

Las enfermedades agudas y crónicas que provienen de:
- Malos usos de nuestro cuerpo
- Traumas: lesiones, accidentes, etc
 - Agotamiento, falta de reposo
- Algunas congénitas
- Malos hábitos
- Causas directas y objetivas de amplia índole…
tienen un diagnóstico sencillo y directo, favoreciendo el flujo de la energía vital sabiamente para restaurar la intensidad del tacto del Tao en el paciente. Esta comprensión y enfoque de tratamiento es una de las cosas que hace tan especial y efectiva la acupuntura. Normalmente, no se piensa nunca en el Chi cuando se trata a alguien, sólo en la batalla contra el síntoma. Esa falta de entendimiento convierte el susurro de nuestro cuerpo en un enemigo desatado. Detallo brevemente ahora, algunos de los elementos que conforman un diagnóstico:

 La entrevista puede aportar al Maestro muy buena información oral sobre cómo interpretamos el mundo y nuestro vivir; sobre qué ha sido de nuestra relación con el Chi y dónde se encuentran los principales desórdenes que nos aquejan. Nos alejamos del flujo del Tao y nos llenamos de excusas y pesadas realidades interiores con las que nos definimos en una personalidad. La personalidad la decoramos y la hacemos muy importante, siendo ahí donde escucha el Maestro el relato de ese proceso. Así, poco a poco, va deshaciendo nuestros pasos hasta el origen de la resistencia, los primeros pasos de nuestra separación de La Vida y nuestras actuales maduras consecuencias. El diagnóstico comienza posiblemente involuntariamente: observación general de la tez del paciente; su color de piel; la precisión y equilibrio de sus movimientos; el lenguaje de sus gestos; selección de  estímulos; relación con su entorno; preferencias posturales, etc. Más profundamente se adentra en el interrogatorio general, donde se detallan las sensaciones, percepciones físicas del funcionamiento orgánico del paciente; descripción de sentimientos y pensamientos; etc. El diagnóstico se decora con pinceladas propias de la cultura: la toma del pulso y la observación de la lengua. La forma en que la fuerza vital empuja nuestra sangre, su presión y ritmo esclarecen la obra diagnóstica. El mapa de la lengua dibuja en formas y colores una valiosa información precisa para confirmar las hipótesis médicas.